Él es uno de los 94 mil 333 menores de edad que labora en la ciudad de México, lo que representa el 5.2% del total de la población infantil de entre 5 y 17 años de edad que habita en la capital del país, según el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI).
De playera blanca, muy sucia, y con el rostro cubierto de polvo y la mugre de los carros que limpia, Juan tiene la intención de estudiar en una mejor escuela comparada con las que hay en su pueblo. Por eso se vino a vivir cerca del Distrito Federal, pues oriundo del Valle de Toluca, Estado de México, halló asilo con familiares en el municipio vecino de Chimalhuacán.
Según estadísticas del INEGI, 26 mil 497 niños en el Distrito Federal no reciben remuneración alguna por su trabajo, lo que supone el 28% de la población infantil, y 29 mil sólo alcanza hasta un salario mínimo al mes, lo que representa casi mil 795 pesos.
De los 100 pesos que Juan obtiene en promedio por jornada laboral, de ocho horas, espera obtener algún ahorro, aunque en ocasiones no reúne más dinero que para su pasaje de regreso.
De acuerdo con el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), Juan aún es un niño y la Ley Federal del Trabajo sólo permitiría que se empleara en un negocio formal donde realizara actividades de bajo riesgo.
Sin embargo, escenas como la de Juan se repiten en distintas avenidas de la ciudad y la autoridad poco puede hacer para erradicar el trabajo infantil.
Papás, un obstáculo
Benito Mirón Lince, secretario de Trabajo y Fomento al Empleo de la ciudad de México, explica que un tiempo se intentó trabajar en ciertas zonas para evitar el trabajo de menores de edad, pero —asegura— los primeros en oponerse fueron los propios padres de familia, quienes ven en las aportaciones de sus hijos la manera de completar la dieta y demás gastos del hogar.
“Dijeron no, no tenemos chamba, mi hijo trae 100 pesos al día”, relata el funcionario y agrega que los adultos excusan la actividad de los pequeños con el hecho de mantenerlos ocupados y alejados de la delincuencia.
Para el funcionario, la solución al problema está en que la gente mayor pueda acceder a un trabajo bien remunerado, como dice la Organización Internacional del Trabajo (OIT), ya que mientras no existan posibilidades de desarrollo “es prácticamente imposible que se pueda erradicar el trabajo infantil”.
Es una descomposición social derivada de la falta de empleo, es una triste realidad, reconnoce Mirón Lince.
En tanto, Juan se ocupa todos los fines de semana y los días que no asiste a la escuela, donde cursa el primer grado de secundaria, en una actividad que le reditúa a su familia.
Uno de cada cinco niños que trabaja en la ciudad carece de instrucción o no ha terminado la primaria, esto es igual a 19 mil 684 menores.
Juan dice que no le incomoda trabajar mientras “salga para comer”, para que su tía pueda alimentarlo y él tenga lo suficiente para la compra de los útiles.
Así como él, álrededor de 80 mil infantes trabajan en la prestación de algún servicio y en una menor proporción están las actividades primarias.
El trabajo, para Juan, es algo complementario, porque su deseo no es dejar la escuela, pero tampoco tiene grandes aspiraciones académicas.
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