sábado, 11 de junio de 2011

Alimentos y transporte, los que más golpean

Martes 10 de mayo de 2011 Ixel Yutzil González | El Universal



ixel.gonzalez@eluniversal.com.mx
La política económica de la última década orientada a mantener la estabilidad macroeconómica y de la inflación, ha tenido un menor impacto sobre el 60% de la población de menores ingresos.
Limitar la inflación evita que el poder adquisitivo de los salarios se deteriore de forma pronunciada.
No obstante, los precios que han crecido a una mayor velocidad son los relativos a satisfactores básicos como alimentos y transporte.
Los precios de los alimentos y el transporte son los que golpean más a la población de menores ingresos, pues estos productos representan la mayor proporción de su ingreso - gasto.
Seis de cada 10 mexicanos destinan más de la mitad de su gasto a la compra de alimentos y en transportación y los precios de estos productos son los que crecen a una mayor velocidad.
Los salarios reales en México, que descuentan los cambios en los precios, se han desplomado en el país en las últimas décadas.
Tras tocar un pico en 1973, descendieron, situación que se agudizó con las crisis de 1982 y 1995.
Aunque en la última década dejaron de caer, han permanecido estancados en los bajos niveles en que se establecieron desde 1999, en gran medida por la política de estabilidad de precios y los ajustes al salario en torno a la inflación.
En los últimos años el índice de precios al consumidor se ha desacelerado y se ha mantenido en un dígito desde 2000, con un promedio de 5.5% anual.
En el fin de siglo
Al cierre de 1999, la inflación general se ubicó en 12.3% a tasa anual y al cierre de 2010 se situó en 4.4%. De acuerdo con datos de Banco de México, al cierre de 2010 la inflación anualizada de los bienes durables como refrigeradores, electrodomésticos, televisiones, etcétera, se situó en 3%, nivel menor a la tasa de crecimiento de 5% anual de los precios de los bienes no durables.
La apertura comercial, la mayor competencia de productos, el financiamiento al consumo interno y acciones como el prorrateo de pagos mensuales, han apoyado a la baja los precios de bienes durables. En la última década las mayores reducciones en la velocidad o tasa de crecimiento de los precios en el país durante la última década ocurrieron en los precios de los muebles, aparatos y accesorios domésticos, seguido por el componente de vivienda, el de salud y cuidado personal y ropa, y el de calzado y accesorios. Datos de Banxico muestran que al cierre de 1999, la inflación anualizada del rubro de muebles, aparatos y accesorios domésticos fue de 14.7%, contra la tasa de 2.7% del cierre de 2010.
Por su parte, la inflación anualizada del componente de ropa, calzado y accesorios repuntó 13.9% en 1999 y 3.3% anual al final de 2010. A un menor ritmo crecieron la inflación de los alimentos y el transporte, elementos para los que el total de la población destinó 52% de su gasto total en 2008, de acuerdo con la más reciente Encuesta Nacional Ingreso Gasto de los Hogares del INEGI.
En particular, la población total destinó 34% de su gasto a alimentos. Pero el 10% de la población más pobre destinó el 52% de su gasto a alimentación en 2008, sin contar las nuevas alzas internacionales de los precios de los alimentos. En contraste, el 10% de la población más rica gasta 23% de su gasto en alimentación.
Cifras de Banxico arrojan que la inflación anualizada de los alimentos, bebidas y tabaco pasó de 7.8% al cierre de 1999 a 5.3% al final de 2010.
Las condiciones de estabilidad de la inflación y el tipo de cambio y la mayor disponibilidad de créditos a tasas fijas, apoyan la estabilidad del poder adquisitivo de las familias mexicanas.
Sin embargo, no compensan las pérdidas en el ingreso real nacional, así como en seguridad social, las limitadas posibilidades de empleo y una mala distribución del ingreso en el país.
La desigual distribución del ingreso económico es un factor que prevalece en el país.
Es una materia en la que no hemos avanzado por que el mercado laboral, los bajos salarios reales, las pocas prestaciones impiden que una persona trabajando pueda acceder a un mejor nivel de vida.

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